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miércoles, julio 20, 2011

El extravagante que era el gran masturbador

El Gran Masturbador, Salvador Dalí

Can you hear me, Major Tom?

Hay veces que es mejor olvidarse de la realidad y creerse las ilusiones porque, al fin y al cabo, ¿qué autoridad tiene uno para dinamitar la relevancia de cualquier cosa?

 La sociedad juega al juego de la seriedad para disimular su locura

...Porque no hay absolutamente nadie cuerdo y si lo hay, definitivamente tiene que estar loco.

¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado!

Y digo más aún: la moral ha muerto y no solo la hemos matado, hemos torturado a esa vieja y sucia puta hasta la muerte más agónica imaginable. De todas maneras, siempre fue una mentirosa. ¡Ave, Hombre Amoral -que no inmoral- del futuro! ¡Salve, Sentido Común!

Dadle a un hombre una máscara y será él mismo
 La verdad oculta ahoga: un hombre debe procurarse su máscara a cualquier precio



viernes, abril 29, 2011

El songwritter que era extravagante

La extravagancia no existe. Solo la uniformidad. Esto no es un iluso canto a la diferencia como los que me he encontrado en mi camino (estar tumbado en cama ajena, mirar al techo y leer "ellos se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales" no tiene precio). Es una declaración de principio. La extravagancia no existe porque, metafísicamente hablando, todo es posible. Absolutamente todo.
Últimamente me obsesiona el arte y la expresión artística.

El arte es el camino que el ser humano debe tomar. Porque es capaz de discernir la belleza, porque tiene una mente tan compleja que es capaz de procesar lo que llamamos emociones, y las emociones que se desarrollan en nuestras mentes como bacterias que finalmente todo lo invaden, necesitan una vía de escape. Somos capaces de un pensamiento complejo, y somos capaces de crear belleza. Ergo somos algo bello, y podemos convertir lo efímero en eterno a través del arte. El arte es la razón de nuestra existencia, si algo así tuviese sentido. Al crear, al elegir, al crecer en la dimensión mental, el ser humano entra en paz con su naturaleza, con su potencial y, en fin, con el cosmos.
Por eso no debemos tener miedo del resto del mundo, y mucho menos de nosotros mismos (mira quién fue a hablar, dirá el Invisible Observador Inexistente). Expresar lo que inspira nuestro ser más profundo y complejo, dejar ir a la visceralidad de nuestra mente no es erróneo. Es correcto, y es el lugar al que la sociedad se dirigirá, porque tengo plena fe en el desarrollo de la naturaleza hacia el equilibrio, y sé que de un modo u otro, los sistemas naturales irán mutando hacia un estado más perfecto cuyos pasos intermedios nos parecerán el absoluto caos, pero olvidaremos que el caos es lo mismo que el orden, y que cada cosa es un todo, nada es diferente de nada en esencia y a la vez todo es radicamente distinto en orden (o desorden).
Es sano dejarnos llevar por nuestra esencia y por nuestra extravagancia.

jueves, julio 15, 2010

El salvador de gatos con retraso que era contradicción

Hoy he leído algo en algún sitio, no recuerdo dónde, sinceramente, pero era algo así como: "no nos olvidemos de Haití, no nos olvidemos de los vertidos del golfo de México y no nos olvidemos del problema del Sáhara".
No sé qué pensar acerca de ello. Y quiero decir, ¿tiene algún sentido ya preocuparse por ello? Por mucho que lo recuerde, no creo que tenga ninguna utilidad.. Lo poquísimo que podría hacer lo he hecho ya, y es una acción tan nimia que ni siquiera creo que sea útil. En fin, que para lo único que me serviría recordarlo es para tener presente que el mundo es una mierda y se está convirtiendo en una mierda mayor. Pues qué optimismo.
Pero por otro lado, ignorarlo es como llevar una de estas gafas absurdas y ver lo que quieres ver.Y si no lo ves todo, no puedes tener una buena perspectiva, y si no tienes una buena perspectiva, ¿cómo vas a saber ninguna cosa, cómo vas a hablar sobre cualquier tema?
Así que, ¿qué hacemos? ¿Intentamos vivir una vida feliz e ignorante exenta de preocupaciones más allá del precio de las patatas y de si los empleados del metro hacen huelga? ¿O vivimos conscientes de lo que ocurre en el mundo, quizás, por ser más conscientes, sin esa tonta felicidad que da el no saber?
Lo ideal sería el equilibrio, pero eso es imposible. Hay dos tipos de personas: los que no quieren saber y los que quieren saber. Si no quieres saber, puedes cambiarte de bando, pero no ocurre al contrario. El conocimiento es lo más elevado que poseemos, y una vez iniciamos su camino, nos atrapa en él.

lunes, julio 12, 2010

El asesino de gatos por omisión que era salvador de gatos con retraso

O de cómo continuó la historia del Gatito que Maúlla.
Pues sí, señoras y señores, un servidor bajó a buscar el gato. Eso sí, no solo, sino acompañado, por sugerencia del acompañante y varias horas después de que saliese el sol. En una primera exploración, el gato no apareció, pero más tarde, en mitad de El Partido (así, con mayúsculas) en la segunda, finalmente encontramos un pequeñísimo gato al que intentamos alimentar con un guante de látex lleno de leche templada sin éxito, conque lo devolvimos al lugar en el que estaba.
Pero no termina ahí la cosa, una inusual dama de elevada experiencia vital acudió a la llamada del gato tras habernos espiado en nuestra odisea anterior y habernos ignorado cuando le ofrecimos el gato estando ella asomada a su ventana. Según lo que desde la mía pude otear, la señora se llevó el gato a su humilde morada. Puede que haya sido capaz de alimentarlo, en cuyo caso vivirá, o puede que no, en cuyo caso morirá.
Ahora tomaos la metáfora como queráis, yo, personalmente, prefiero el lado positivo.

domingo, julio 11, 2010

El fiscal que era asesino de gatos por omisión

Hay un gatito que maúlla, allá, en el descampado enfrente de mi ventana, solo en la oscuridad, me imagino. Debe ser muy pequeño, sus maullidos suenan muy agudos, indefensos, asustados y descorazonadores, despiertan una especie de rara compasión, un instinto protector. Quiero bajar ahí y buscar al Gatito que Maúlla, abrazarlo y traerlo aquí conmigo.
Sigue maullando, como desesperado, desenfrenado, lo veo en mi mente, un pequeñísimo y dulce amago de gato blanco, de ojos azules, extremadamente abiertos de pánico y desprotección. En ese imposible futuro hipotético en el que bajo y encuentro al Gatito que Maúlla, éste me rehuye al principio, y cuando lo alcanzo y lo recojo en mis brazos, envuelto en una toalla, se revuelve y trata de escaparse y arañarme con sus primitivísimas y débiles uñas. No voy a bajar a por ese gato. Aunque me gustaría bajar: quiero bajar. Pero nunca bajo. Esta no será la excepción.
Quiero bajar.

lunes, junio 21, 2010

El fetichista que era Vampire Slayer

Me encanta la canción de Muse "Neutron star collision". De hecho me gusta cualquier canción de Muse. Pero odio la prostitución twilightera que conlleva la canción susodicha. Porque, aceptémoslo, Twilight tuvo su época, al menos para mí, pero ya es hora de reconocer ante mí mismo y ante el mundo lo que llevo pensando desde hace exactamente aproximadamente un año/año y medio: la saga crepúsculo es una bazofia total y absoluta. Cumplió con su cometido -entretener-, pero ningún otro mérito puede achacársele. Creo firmemente que es el mayor sienta-tópicos de mi generación, además de fuente inagotable de insoportables productos vampíricos oportunistas cuya calidad brilla por su ausencia (notabilísima excepción la de True Blood), en consonancia con la calidad artística de la obra primigenia. Porque, leyendo Crepúsculo, ¿dónde demonios Cristo está la creatividad exuberante que, sin ninguna vergüenza puedo atribuir a Harry Potter? ¿dónde está la profundidad filosófica de Lestat de Lioncourt? ¿el poderío clásico del Drácula original?
¿Y la parte romántica? ¿Es que se trata de coger la genialidad de Jane Austen, rodearla de vampiros absurdos -que pueden salir a la luz del día- (someone kill me Stephenie, please)  y rebajarla a una mera historia de "complicado amor" digna del más tonto folletín telenovelesco?
En fin, si hay un vasto tropel de adolescentes de agudos gritos y por cuyas venas discurre una disolución saturada de hormonas decidido a llenar las salas de cine  con sus agradabilísimos desgañitamientos, por mi, perfecto, pero yo no voy a gastar mi dinero en ver una mala película acompañada de un coro de sirenas en el patíbulo. Prefiero quedarme en casa, con mi Conrad, mi Lorca, mi Fassbinder o mi Altman, y hacer como que Crepúsulo no existe.

PD: He conseguido crear una entrada no-filosófica. Me merezco un premio. Cuanto menos, una palmada en la espalda.

jueves, junio 10, 2010

El tomador de apuntes profesional que era vidente

Si ya lo decían los epicúreos, mis amigos los filósofos del jardín. Es absurdo temer el futuro porque vaya a llegar infaliblemente o porque no llegue nunca, pues ni depende totalmente de nosotros ni nos es de todo ajeno. Racionalmente, no admite discusión alguna. Pero no debemos olvidar que el futuro es un absurdo, es algo incognoscible, un concepto que basamos en la creencia en la uniformidad. De modo que, visceralmente, es natural que el futuro nos de miedo, porque nuestro ser racional no puede manejarlo como tal, pero al mismo tiempo, empleando la razón podemos concluir que la existencia de un futuro no depende en gran parte de nosotros, y no somos responsables de lo que ocurra o no ocurra en él, de modo que, ese miedo visceral, basado en la inefabilidad racional prueba la ineficiencia de la pura razón. Yo digo: "tengo miedo, lo acepto". Y entonces el miedo deja de ser una fuerza atenazante para convertirse en una fuerza vital motriz. Porque el miedo se basa en lo desconocido, tiene su inicio en la mente, y a su vez la mente lo niega, pues ésta es la máxima expresión de lo antinatural aún surgiendo de lo natural. El ser humano se cree especial por su consciencia-autoconsciencia pseudolibre, y valora más la mente que la víscera. Es ahí donde yerra, porque ambas son la misma cosa, y aunque es necesario distinguirlas , se debe tomar ambas en su justa medida, y sólo de ese modo el hombre llegará a ocupar su puesto natural, alcanzará su propia naturaleza y disfrutará el más alto grado de libertad: la libertad que no está en conflicto con la realidad, la libertad real o natural.
Lo desconocido, que motiva el miedo, la diferencia, ya lo he dicho anteriormente, es la base de la evolución, de la realización y la autorrealización, y si la belleza del mundo es el motor de la existencia racional, el miedo es el motor del devenir natural en máximo grado de perfección.
Y así es como la mente, que nace de la víscera, se reconcilia con ella y acepta "soy natural con potencial libre".

En serio, estoy loco. Qué bien, ¿no?

miércoles, junio 02, 2010

El urbanita que era un amante

Here I am, dying of love. ¿Y no lo estamos muchos? Esa desazón que causa la ausencia del/de los otro/s fragmentos del alma de los que habla Platón. Qué poético el platonismo, qué sentimental. No concibo qué puede ser más nocivo para las ganas de vivir o para la felicidad que la falta de apetito cognoscitivo. Y no concibo qué puede ser más hiriente para el apetito cognoscitivo que la falta de amor. La mayor parte de la gente malinterpretará la última frase dándole un significado popular (y bastante poco elegante y demasiado romántico) en lugar de la profundidad que encierra esa sentencia.
Ahora, cuando hablo de amor, me refiero al más puro apego físico y mental por las cosas y por otras entidades físico-mentales. Es absolutamente necesario para el alma amar la belleza del mundo, que está en todas partes, y es en definitiva lo que mantiene a los seres humanos, con nuestra cuasilibertad, consciencia plena y autoconsciencia en la senda de la vida. Es absolutamente necesario desde el punto de vista natural y fisiológico para un ser humano común compartir su vida con otros seres humanos en sociedad, y más aún tener un apoyo más cercano sobre el que construir parte de los cimientos de sus ganas de vivir (he aquí lo que el común llama amor). Es naturalmente necesario, pero también lo es desde el punto de vista psicológico. Aventuro que nuestra necesidad mental de amor (empezaré a llamarlo así en lugar de "cercana compartición de la vida y punto de escape de necesidades físicas y mentales, reason for living etcétera") es una especie de "contagio" de nuestra necesidad física de tal cercanía. Podría llegar a llamarse ilusión de la mente, pero ¿quién dice que las ilusiones no son reales? Lo son en la medida en que la mente consciente las acepta, y la necesidad de amor está plenamente aceptada por la consciencia, conque postularía finalmente que el amor tiene una dimensión física y una dimensión  psicológica que surge por sugestión a partir de la primera. Y nosotros, pobres humanos que en nuestro inmenso orgullo otorgamos mayor valor a lo mental que a lo natural, podríamos concluir que el amor es tan infinitamente importante en nuestras vidas porque llega hasta el punto de afectar a nuestra consciencia. ¿Falacia, tautología, suprema estupidez, sinsentido propio de una mente inferior y absurda pero ampliamente narcisista? Muy probablemente...

jueves, mayo 27, 2010

El obseso que era un miedoso

¿Qué es lo que mueve el mundo?
Y cuando digo mundo me refiero a la vida humana, a la actividad del hombre.
Bien, es una pregunta compleja a la que pueden darse múltiples respuestas. Entre las más comunes se encuentra la respuesta clásica de los románticos, los ilusos y los que quieren quedar bien y no saben cómo: el amor. Personalmente lo encuentro absurdo. Al fin y al cabo, hay cosas mucho más poderosas que el amor, y no hace falta ser muy alto ni muy listo para verlo. No creo que George Bush atacase Iraq por amor, aunque fuese amor patriótico, ni creo que la gente se asocie en grupos solo por amor. No, esa es una posición muy humana pero muy irracional.
También habrá quien suscriba aquello de money makes the world go around. En definitiva, que lo que anima a las personas es el poder, porque, al fin y al cabo, ¿qué es ese complicado concepto del dinero más que poder? Poder adquisitivo, poder coercitivo, en fin, poder en sus más diversas manifestaciones significa hoy dinero.
Pero hay algo superior al dinero, en mi opinión, que es lo que verdaderamente makes the world go around. El miedo. El miedo lo puede todo, y todo el mundo tiene miedo, es algo natural: miedo a estar solo, miedo a hacer el ridículo, miedo a perder su posición, miedo a perder el poder, miedo al poder, miedo a la gente, miedo al miedo, miedo a la muerte, miedo a la vida...
Parece que casi todo es reducible a miedo. Pero no miedo en el sentido más prosaico del término, miedo en el sentido del sentimiento natural que nos hace reaccionar y poner una solución a un problema, y en definitiva, evolucionar. El miedo es el principal factor del progreso natural. El miedo es el desequilibrio necesario para que el sistema avance al equilibrio. Es la diferencia, la diversidad. Pero esa diversidad está ahí no para temerla y reaccionar en contra de ella, está ahí para aceptarla y superarla, caminar con ella hacia un estadio superior.

Y ahora me gustaría realizar un acto de prepotencia sublime y extrema, un acto de patética glorificación propia a costa de Darwin, porque lo que ocurre en la naturaleza se reduce a esto:

  • Diversidad: en la naturaleza se da la mayor multiplicidad de especímenes posible.
  • Selección: algunos de estos especímenes predominan más que otros, hasta el punto de que ciertos estados posibles pueden considerarse inexistentes.
  • Equilibrio: los especímenes serán más abundantes cuanto más se aproximen al cumplimiento de la ley fundamental de la naturaleza; todo tiende al máximo equilibrio que no es sino el estado más económico.

Y ahora, matadme.
Pero antes de morir me gustaría resaltar el ejemplo del melanismo industrial de la Biston betularia a modo de clásico ejemplo de la maravillosa selección natural darwiniana, que tan lógica es y tanto sentido tiene.

miércoles, mayo 19, 2010

El loco que era un obseso

Un obseso de la planificación, nada menos. En mi mente TODO tiene que estar planificado al detalle: a esta hora tienes que hacer esto, y este día tienes que hacer tales cosas. No puedo decir que la desorganización me de ataques de ansiedad, de hecho la improvisación es muy necesaria a veces. Pero incluso cuando improviso, empiezo a hacer planes dentro de la improvisación. Y planes dentro de los planes, dentro de los planes, dentro de los planes. No puedo evitarlo.
Por ejemplo, he aquí mi fin de semana: el viernes por la tarde estudiaré matemáticas y me iré tarde a la cama para, el sábado, día 22 -mi 18 cumpleaños dicho sea de paso-, levantarme no muy pronto y por la tarde estudiar matemáticas de nuevo. Lo suyo sería salir por la noche hasta las 7:00 como mucho. Desde la hora de llegada a casa hasta las 14:00, a dormir, y, a partir de las 17:00 debería hacer un trabajo de filosofía. Después me acostaré a las 22:30/23:00 para levantarme a las 6:00 y a partir de las 6:30 ver el último capítulo de Lost en la televisión, hasta las 9:00, hora en que me pondré a estudiar matemáticas hasta las 10:30 que me iré a hacer el examen de la citada asignatura.

Ciertamente complejo. Pero mi plan tiene un 90% de posibilidades de funcionar con resultados magníficos. Eso sí, no me hago responsable de los efectos secundarios tales como trastornos del sueño o de la memoria.

domingo, mayo 16, 2010

El ensayista que estaba loco

El que no se haya considerado a sí mismo como "loco" o fuera de la norma, en general, no es una persona a la que merezca la pena conocer. Es más, cuanto más a menudo esa persona se sienta loco o fuera de la norma, más valiosa será para el resto.
En esta absurda sociedad tenemos una ridícula obsesión por extrapolar la igualdad, llamémosla "legal" o "social" a falta de un término más apropiado, que se basa en un mero "acuerdo social" totalmente natural y aceptable, a todos los niveles de la existencia. Y eso, queridos y escasísimos lectores, es la más elevada expresión del patetismo, en el sentido más sentimental del término. Voy a enunciar otra sentencia firme y demoledora como la de arriba, pero que quizás alguno denostará por malentenderla, seguramente: todos somos absoluta y totalmente diferentes, y negarlo es ser un cobarde.
¿Qué sentido tiene pretender que todos seamos clones de vestuario, clones de ideología, clones de habilidades o clones de cualquier cosa? Ninguno. Sólo hace falta mirar a la naturaleza, la clave del progreso natural, como muy bien enunció Darwin, está en la diversidad, y ese punto de su teoría es, de hecho, extrapolable a cualquier otro ámbito: la clave del progreso intelectual, tecnológico, social, vital está en la diversidad.
Por eso yo digo: estoy loco, y me encanta. Ojalá todos estuviésemos locos y lo reconociésemos. Porque perder la razón, en este sentido, es huir del convencionalismo, ser un poliedro irregular que gira, avanza y retrocede caprichosamente en la poderosa corriente de un río lleno de cantos rodados y reconocerse ante sí mismo y ante el mundo como alguien con ganas de ser algo en el mundo, en lugar de simplemente estar en él.

No sé por qué, cada vez que empiezo una entrada con fines meramente "rellenativos" acabo sacando mi vena filosófica y me sale una entrada trascendental. En fin. Quisiera hablar de más cosas.

La diversidad también es la clave del progreso del arte. Por eso me suelen gustar mucho los artistas que, con sentido estético, claro está (porque aunque nos lo quieran hacer creer, tres latas viejas y una bolsa de plástico colocadas aleatoriamente NO son arte, son una deformación de lo que yo llamo "pensamiento abierto" y que ya habiendo alcanzado dimensiones paradigmáticas ahora puedo llamar sin remordimiento "darképoc artístico" -voy a ahorrarme hoy la explicación de ese locuaz palabro-), [me gustan los artistas que con sentido estético] experimentan con los elementos de su campo.
Esto viene a cuento de mi reciente descubrimiento de:





  1. Björk.
  2. Que Yann Tierse tiene más música (e igual de buena) que la banda sonora de Amelie, y también con tonos genialmente minimalistas.

Y bueno, eso. Que Yann Tiersen, al igual que el magnifiquérrimo -y me permito y seguiré permitiendo el uso de palabras inexistentes porque estoy en mi dichosa página- Philip Glass hace música repetitiva y susceptible de llevarte al trance y que Björk está, utilizando mis propios términos, muy muy loca, musical y personalmente hablando (y eso la hace grande).

jueves, abril 29, 2010

El sentimental que era un fraude

Es curiosísimo cómo cambia la perspectiva de las cosas cuando estás de un humor u otro. En un periodo de 24 horas yo mismo he podido comprobarlo, y he pasado de la angustia más atenazante a la despreocupación más esperanzadora. Y todo ello girando en torno al mismo hecho. Ha sido exactamente igual a estar en el blurry world que veo sin mis gafas de miope y compararlo con la precisión y brillantez de las siluetas que aprecio con gafas. Supongo que todo se basa en apariencias e interpretaciones.

Y un maestro de las apariencias e interpretaciones era mi querido compañero de desvelos nocturnos Charles Dodgson -also known as Lewis Carroll-. A propósito de Dodgson/Carroll, no dejaré pasar esta oportunidad de reproducir mi cita literaria favorita:
"Ha llegado el momento", dijo la Morsa
"De hablar de muchas cosas:
de zapatos, de barcos y lacre,
de repollos y de reyes
de por qué hierve el agua del mar
y de si los cerdos tienen alas.



Creo que cada vez que lo cito cambio las palabras, porque siempre que lo hago lo traduzco libremente (interpreto, ya que hablamos del tema), tratando de que suene bien en español, aunque en el caso del último verso, me pide el cuerpo cambiarlo por "y de si los cerdos pueden volar". En fin, para evitarnos desacuerdos, mejor será que lo reproduzca de nuevo en inglés, aunque sólo sea para gozar una vez más de la lírica absurda y cuerda al mismo tiempo del maestro Lewis Carroll, cuya obra ha sido, por cierto, recientemente mancillada en el guión absurdo de una película preciosa:

"The time has come," the Walrus said,
"To talk of many things:
Of shoes—and ships—and sealing-wax—
Of cabbages—and kings—
And why the sea is boiling hot—
And whether pigs have wings."


Y así son hoy día todos los discursos. Todos versan sobre zapatos, barcos y lacre, repollos reyes y sobre todo, cerdos alados.