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jueves, enero 19, 2012

El que veía películas en blanco y negro todas las madrugadas que era un cazador cazado


Miro al suelo fijamente, sin ver, meditando acerca de nada, oyendo el tictac del minimalista reloj de pared rojo, incrustado a mi espalda en una blanca extensión vertical vacía de todo menos del tiempo.

Vacía de todo menos del tiempo. Como todo.

Me levanto. No estoy deprimido, hace tiempo que no lo estoy, aunque, por supuesto, esa criatura hostil y petulante, pagada de sí misma, irracional y sin motivaciones verdaderas sigue acechándome desde las esquinas. Cada vez que me giro, allí está, la veo de reojo, con esas espantosas zarpas negruzcas capaces de insertarse en mi pecho causando más estragos que la propia muerte.

Camino lenta y pesadamente, porque no sé dónde ir. Cuando alcanzo el pasillo, me saluda el siniestro perchero, siempre lleno de personajes imaginarios. Está el Hombre de la Lluvia, con su paraguas y la gabardina, la Mujer Estrafalaria, que gusta siempre de vestir  abrigos largos de lana tejidos con un dudoso sentido de la estética,  el Dandi y su americana de tweed, que nadie ha usado realmente, pero allí sigue, viendo pasar el tiempo. Y sobre todo, está la Sombra. La Sombra que nunca te esperas pero con la que indefectiblemente te topas. ¿Saldrá del perchero esta vez y me apuñalará?

Me planteo un escenario hipotético: si morir fuese tan sencillo como presionar un botón e instantáneamente cesar de existir, ¿quedaría gente en el mundo o no? Concluyo que probablemente yo ya no estaría. La Criatura que Habita en las Esquinas me habría obligado, es ladina y solo quiere que nos consumamos.
¿Pero por qué esa criatura me acecha? ¿Por qué nos acecha? A veces, la gente cree que es ella pero en realidad la confunden con otro. La confunden con su reflejo. Pero yo no me confundo, yo la veo. Y no es fácil verla, ni tampoco agradable. Requiere largas y truculentas horas de reflexiones infructuosas, de callejones sin salida, noches insomnes y horas perdidas por el deber más puro y correcto, el que más se opone a ti y lo que más odias en el mundo. Y entonces, la veo. Y si la ves una vez no te abandona nunca. Por eso me acecha.

A pesar de todo, creo que es peor no verla. Si la ves es porque has hecho un gran esfuerzo. Y ese gran esfuerzo tiene también sus grandes recompensas. Es curioso, pero no podría vivir sin verla aunque a veces me fuerce a dejar de vivir. Por suerte o por desgracia carezco de la valentía necesaria para hacerle caso. Pero si fuese cosa de presionar un botón, quizás ya lo habría hecho.

Y es por eso que me sentiría decepcionado si quedase gente en el mundo. El Hombre de la Lluvia y la Mujer Estrafalaria, la Sombra y el Dandi, ¿se borrarían si la criatura les acechara? ¿Te borrarías tú?

sábado, enero 07, 2012

El que era como Holden Coulfield que veía películas en blanco y negro todas las madrugadas


El aburrimiento común es...

Confiar en los rostros de las personas para, finalmente, darte cuenta de lo que ya sabías: llevan máscara. Y lo que hay debajo está tan sucio como tú mismo.

Estar atrapado irremisiblemente en una espiral de odio hacia tu mejor amiga por culpa de  haberse enamorado de lo imposible y habérselo denegado a uno mismo, abusando a cambio de lo cotidiano y de la falsa amistad.

Cenar frecuentemente con tu suegra, o con los amigos pedantes de tu mujer, con los cuales seguramente ella haya tenido una aventura.

Seguir aguantando en un matrimonio desgastado por mera inercia hasta que el odio, que se torna más intenso que el amor, es lo único que lo mantiene en pie.

Haber olvidado el olor de las estaciones por una atmósfera agobiante que huele a maquillaje, humo de cigarrillos, polvos y perfume.

Darte cuenta de que la falta de aburrimiento te da miedo y mitigar esa ansiedad llenando su vacío con drogas legales y alcohol.

Pero por encima de todo, el aburrimiento común es negarlo todo y seguir viviendo a través de la vida de las marionetas.

Lo más triste de todo es que, si te das cuenta de que sufres de esta extendida enfermedad y tus patéticos intentos no consiguen sacarte de ella, los impredecibles y truculentos resultados llevarán a tu psicoanalista, que por cierto, se tira a tu mujer, a recluirte en un centro psiquiátrico con un diagnóstico tan plagado de tópicos que herirán de muerte a la poca dignidad real que te queda.

Así que, ¿qué es mejor? ¿Ignorar voluntariamente que tu vida se ha convertido en un guiñol y alentar la mentira de tu marioneta aun a riesgo de que al final la evidencia se vuelva contra tu propia existencia? ¿O ser sincero contigo mismo y con los demás aun a riesgo de que tu vida cambie? 
La mayoría de la gente solo sigue, sigue, se miente, miente, pero busca a la vez un equilibrio aflojando la soga que mantiene cautiva a su sinceridad, de vez en cuando. En episodios catárticos que, con suerte, algún titiritero escucha. O bien en conciliábulos individuales que transcurren en el más absoluto secreto, no vaya a ser que alguien llegue a conocerte. 
Pero, ¿y si no puedes hacerlo? La respuesta es el tema fetiche de todos mis escritos.

Tristemente, estamos estancados en un gran teatro universal. Ingmar Bergman lo sabía.

domingo, noviembre 27, 2011

El clónico de sí mismo que era un ente pancósmico

Pienso que The Tree Of Life es la gran obra maestra (cinematográfica, al menos, pero de cualquier modo, global) del siglo XXI. Es, sin lugar a dudas, la 2001: Odisea del Espacio de nuestro siglo, y es incluso más genial que ésta, más original, más cósmica, más todo. No es una historia, no es una película, es la forma más elevada de poesía que éste que os escribe ha conocido jamás, son imágenes, son palabras, es un mensaje, es arte y abstracción absoluta, pero solo para contemplar la realidad, la vida, lo que nos es tan propio, desde un prisma totalmente cósmico. Es una reflexión última sobre TODO. Y por eso es imposible de entender completamente. Con esta obra magna de la humanidad, la persona se ve abocada a un infinito proceso reflexivo en un éxtasis artístico stendhaliano (una de las experiencias que más me han impresionado en este año ha sido ver esa cosmogénesis aderezada por el Lacrimosa de Zbigniew Preisner -escuchar más abajo-, compositor de uno de los réquiems más sentidos que yo haya escuchado). Por eso es una obra maestra. Y por eso, mucha gente la detesta.

Porque hay muchas personas que no quieren ni pensar en lo que hay más allá del mundo inmediato en el que habitan. Y en mi opinión, esas personas jamás entenderán nada. Nada de nada. Ni de su inmediatez ni de su trascendencia. Porque para entender algo hay que investigar sus partes cuidadosamente, con detalle de relojero, para luego contemplarlo desde un punto de vista lo más alejado posible y observar su funcionamiento integrado. Eso es lo que hace The Tree of Life. Pero lo hace con todo. Todo. TODO. T-O-D-O.

The Tree of Life habla sobre la muerte, el cosmos, la vida y la relación trascendental entre todos esos conceptos metafísicos, exactamente en ese orden. La muerte es la excusa para cuestionarse el todo. El todo, en la impotencia de la humanidad es personalizado en una figura abstracta a la que poder interpelar, a la que poder preguntarle: "¿Dónde estabas?". Y la respuesta a la increpación es tan sencilla que se vuelve monstruosamente compleja.

¿Dónde estabas? ¿Dónde estaba Dios cuando nos sobrevino la muerte? Aquí. Allí. En todas partes. Dios es el todo. Pero tratamos a Dios como un concepto demasiado humano. Dios es tú, Dios es yo, y Dios es el cosmos, la naturaleza, la física y la química. ¿Existe, entonces? No. Si. Ambas. Y en ese sencillo y complicado contexto aparentemente panteísta se desarrolla la vida. Pero, ¿qué es una vida en comparación con todo un universo? Todo. Y nada.

Una vida particular es una completa insignificancia en comparación con la inmensidad cósmica, pero el ser humano, un ser humano en concreto, en la medida en que es capaz de hacerse consciente de esa insignificancia, de todas las insignificancias que le rodean, otras vidas, otras muertes, y ubicarlas en ese contexto cósmico, puede y debe sentirse importante. Porque cada una de las vidas que existen en el planeta, cada molécula que reacciona con otra, cada  electrón que deambula por el universo es parte de él, y un todo no es nada sin sus insignificantes partes. Todas ellas.

Así que, el ser humano, es libre y es humano cuando se da cuenta de todo esto. Cuando cruza ese último umbral de su mundo interno y camina de la mano de todos sus miedos, sus pasiones, sus pensamientos. Y acepta su lugar en el cosmos. Y acepta la nada. Y el todo. El junco de Pascal.

Y en mi opinión, de eso es de lo que va The Tree of Life

Además salen dinosaurios.


viernes, octubre 28, 2011

El gran masturbador que era un clónico de sí mismo

Es inútil enseñar la filosofía como una asignatura más, y es inútil bucear meramente en los entresijos de los pensamientos de los grandes filósofos si no se añade un componente de duda, incertidumbre e inquietud. Es inútil pretender que la filosofía es historia y es prácticamente inútil historiar la filosofía. Una personalidad especial y un enfoque curioso, más que didáctico, consigue despertar en un alumno la semilla de un sentimiento de duda. Un sentimiento que, al germinar, crece en un árbol de pura incertidumbre, cuyas hojas, inquietas, buscan la luz de una razón a la que aferrarse. Es absurdo enseñar la filosofía como un saber enciclopédico. Es prácticamente irrelevante perseguir que un alumno saque una buena nota en sus exámenes, mientras que es enormemente productivo procurar que sus inquietas hojas repletas de clorofila busquen por si solas ese sol que tanto ansían, ese referente autocreado que alumbrará ya para siempre su eterna pesquisa, su sed de más, y será precisamente esa sed la que engrandecerá su árbol. Un árbol alto y frondoso es en sí mismo el sinónimo del éxito.
Esta vez me permitiré el lujo de atribuirme la autoría del texto y de su metáfora. Porque aunque no lo parezca, yo cuando me pongo, escribo bastante bien, si se bucea entre la pedantería y la abstrusión a la que sin querer me llevan los paréntesis y las comas. De verdad, que a veces tengo ganas de aplaudirme a mí mismo, porque es muy sano autoalentarse, y si uno no cree en sus propias posibilidades, ¿quién va a creer?
Que me ronda la idea de que este retazo lírico-filosófico me quedó en su momento algo así como perfecto, cumplió con su cometido la mar de bien (y mira que yo no soy de escribir cosas como "la mar de") y me ha apetecido hacerlo público. Porque nadie se resiste al orgullo ni nadie puede evitar que los productos de su sistema límbico salgan finalmente a la luz.

miércoles, julio 20, 2011

El extravagante que era el gran masturbador

El Gran Masturbador, Salvador Dalí

Can you hear me, Major Tom?

Hay veces que es mejor olvidarse de la realidad y creerse las ilusiones porque, al fin y al cabo, ¿qué autoridad tiene uno para dinamitar la relevancia de cualquier cosa?

 La sociedad juega al juego de la seriedad para disimular su locura

...Porque no hay absolutamente nadie cuerdo y si lo hay, definitivamente tiene que estar loco.

¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado!

Y digo más aún: la moral ha muerto y no solo la hemos matado, hemos torturado a esa vieja y sucia puta hasta la muerte más agónica imaginable. De todas maneras, siempre fue una mentirosa. ¡Ave, Hombre Amoral -que no inmoral- del futuro! ¡Salve, Sentido Común!

Dadle a un hombre una máscara y será él mismo
 La verdad oculta ahoga: un hombre debe procurarse su máscara a cualquier precio



viernes, abril 29, 2011

El songwritter que era extravagante

La extravagancia no existe. Solo la uniformidad. Esto no es un iluso canto a la diferencia como los que me he encontrado en mi camino (estar tumbado en cama ajena, mirar al techo y leer "ellos se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales" no tiene precio). Es una declaración de principio. La extravagancia no existe porque, metafísicamente hablando, todo es posible. Absolutamente todo.
Últimamente me obsesiona el arte y la expresión artística.

El arte es el camino que el ser humano debe tomar. Porque es capaz de discernir la belleza, porque tiene una mente tan compleja que es capaz de procesar lo que llamamos emociones, y las emociones que se desarrollan en nuestras mentes como bacterias que finalmente todo lo invaden, necesitan una vía de escape. Somos capaces de un pensamiento complejo, y somos capaces de crear belleza. Ergo somos algo bello, y podemos convertir lo efímero en eterno a través del arte. El arte es la razón de nuestra existencia, si algo así tuviese sentido. Al crear, al elegir, al crecer en la dimensión mental, el ser humano entra en paz con su naturaleza, con su potencial y, en fin, con el cosmos.
Por eso no debemos tener miedo del resto del mundo, y mucho menos de nosotros mismos (mira quién fue a hablar, dirá el Invisible Observador Inexistente). Expresar lo que inspira nuestro ser más profundo y complejo, dejar ir a la visceralidad de nuestra mente no es erróneo. Es correcto, y es el lugar al que la sociedad se dirigirá, porque tengo plena fe en el desarrollo de la naturaleza hacia el equilibrio, y sé que de un modo u otro, los sistemas naturales irán mutando hacia un estado más perfecto cuyos pasos intermedios nos parecerán el absoluto caos, pero olvidaremos que el caos es lo mismo que el orden, y que cada cosa es un todo, nada es diferente de nada en esencia y a la vez todo es radicamente distinto en orden (o desorden).
Es sano dejarnos llevar por nuestra esencia y por nuestra extravagancia.

martes, marzo 15, 2011

El que se quedó sin palabras que era asesino de pájaros por la gracia de Dios

Comenzaré con una declaración bastante clara: yo no quiero que salven mi alma por mí. Así que, por favor, si todavía hay algún religioso proselitista en la sala que pretenda hacer progresos conmigo, que se vaya dando por vencido. Porque Pascal estaba equivocado. Anda mira, acabo de llegar a un punto interesante, voy a rebatir la Apuesta de Pascal así, de un plumazo y en un momento, que a mi me gusta cargarme las teorías de los filósofos que admiro.
Recordemos un momento en que consiste la apuesta de Pascal...

Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo.
Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada. 
Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada. 
Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo.
Entonces la apuesta más sensata es creer en Dios, porque puedes ganarlo todo o no ganar ni perder nada.

...ya. Bueno, pues a lo iba. Que la voy a rebatir usando la reducción al absurdo, que es una cosa que me gusta a mi mucho también por esa carga tan estimulante de sarcasmo y desprecio que tanto gusta al ser humano. Porque es divertido criticar, muy divertido. Si no, que se lo pregunten a Boyero, que vive de eso...
En fin, pongamos por un momento que acepto el razonamiento de la condenada Apuesta. Y ahora, introduzcamos nuevos elementos. Pongamos que digo que si antes de encender un interruptor das tres vueltas sobre ti mismo mientras gritas vocales sin sentido, al día siguiente encontrarás junto a tu cama un billete de 500 €.

Puedes dar las vueltas y gritar, si es cierto el asunto, ganas 500 €.
Puedes dar las vueltas y gritar, y si es falso, no ganas ni pierdes nada (salvo, tal vez, un poco de dignidad, pero no es nada que no pierdas humillándote ante Dios...)
Puedes no dar las vueltas ni gritar, si es cierto, no ganas los 500€.
Puedes no dar las vueltas ni gritar, si es falso, tampoco ganas ni pierdes nada.
Entonces, alabado sea Pascal, no nos queda otra que dar tres vueltas sobre nosotros mismos y gritar vocales sin sentido cada vez que encendamos la luz.

Hala, Apuesta rebatida. Traducción: si damos por válido el razonamiento, tenemos que creer en cada religión y llevar a cabo cualquier absurdo improbable que se nos ocurra "por si acaso".
Y ahora cito a Victor Manuel:  
Déjame en paz,
que no me quiero salvar,
que en el infierno no estoy tan mal.
Porque no sé si lo sabéis pero en el cielo lo único que hay son una cantidad infinita de ejemplares de la biblia con todas las encuadernaciones posibles (en cuero, en papel, plástico, barro, ladrillo, cristal, madera, aire, melaza...) y vidas de santos. En el infierno están el resto de los libros.

Os parecerá mentira pero mi motivo principal de esta entrada era comentar lo que dice esta señora.
Ah, que no os apetece ver el video. No pasa nada, yo os lo resumo. La susodicha dama de la elegantísima chaqueta de estampado de leopardo azul brillante (es tan precioso como suena) sugiere que millones de pájaros caen del cielo porque EEUU tiene una política cada vez más abierta hacia los derechos de las parejas del mismo sexo y ha abolido el don't ask, don't tell. Como suena. De ahí lo de que no quiero que me salven. Que toda esta gente yo no sé lo que pretende. No sé por qué lo hacen. ¿Quieren controlarnos a todos? No pueden, lo siento, a estas alturas ya no. ¿Quieren convertirnos en gilipollas? Diciendo gilipolleces difícilmente nos harán gilipollas. ¿Se aburren mucho? Probablemente, y por eso no nos dejan vivir tranquilos a nosotros, están amargados. Lo único que quieren es tocar las narices. Así que, si esta señora está a gusto con esa chaqueta diciendo semejantes sandeces, pues por mí, perfecto, pero en mi opinión, debería actualizarse un poco y dejar de tomarnos por idiotas.

sábado, febrero 12, 2011

El ordenado que era psicólogo (y un poco fanático)


No dejo de escuchar Born This Way una y otra vez (y otra vez, y otra vez, y otra vez), escuchándola atentamente, buscando algo. Hace unos minutos no sabía lo que era. Ahora lo tengo claro.
Cada vez que la vuelvo a escuchar busco el porqué de que haya decepcionado o no-gustado a una cierta cantidad de gente. Vamos, que busco lo que tiene de malo la canción y no lo encuentro. No obstante creo que ya sé lo que está mal. La gente está mal. Ese es mi dogma: la gente está mal y lo odio.
Perdonadme si me crezco, pero verdaderamente opino que la gente no piensa las cosas. Solo hablan, y hablan y hablan, y dan opiniones absurdas pretendiendo que cualquier opinión merece el mismo respeto. Eso es una ingenuidad propia de una mente infantil. No puede ser que tenga el mismo peso una opinión fundamentada y una "opinión" sin razones que la sostengan. De todas formas, esto ya lo he tratado anteriormente. Dónde quiero ir.
Bien, quiero ir al hecho de que la gente no sabe lo que quiere. La mayoría de la gente quiere cosas muy bonitas y perfectas, y cuando chocan de bruces con la realidad, pues eso, frustración. Todos lo vivimos a diario. O por lo menos yo lo vivo a diario. Es algo normal. Lo que no es normal es perdurar en la rabieta.

Solo hace falta pensar un poco y dejarse de Sehnsucht y gilipolleces, que ya tenemos una edad. ¿Por qué algo le gusta a una persona? ¿Cómo decidimos "me gusta el rojo" u "odio el amarillo"?
A falta de una encuesta científica y fiable echaré mano de mi experiencia personal, sea extrapolable o no. Muchas veces, decidimos lo que nos gusta y lo que no de manera inconsciente, según como lo que percibimos se integre en las estructuras (hardware o software) de nuestro cerebro que ordenan y analizan la percepción (hipótesis infundada, ¡HIPÓTESIS!), pero en otra cantidad considerable de ocasiones, decidimos conscientemente si algo nos gusta o no. Esto se aplica especialmente con motivo de acontecimientos, realidades o situaciones que ya han sido programadas, previstas o simuladas en nuestra mente, de forma que previamente hemos puesto una etiqueta a ese contenido y nos hemos creado unas expectativas. Del choque de esas expectativas con la experiencia real posterior saldrá nuestro like o dislike. Obviamente, si nos creamos unas expectativas absurdas dejándonos llevar demasiado por ese anhelo humano por las cosas bonitas y perfectas, pues nos entra la infelicidad del romántico. Quiero rosas pero sólo hay juncos, y claro, eso deprime.

En fin, no pido cosas imposibles, el capricho es una parte intrínseca de nosotros, intentar extinguirlo es como querer cortarnos la mano, pero la mente también es parte de nosotros, y para algo la queremos. Podemos neutralizar subsistemas con subsistemas. Controlemos el capricho con la mente. Pensemos detenidamente en lo que decimos y en lo que pensamos, y luego, emitamos juicios razonables.
Gracias por los aplausos, audiencia inexistente...

Lo cierto es que si verdaderamente hubiera una audiencia, creo que me odiarían xDD

Edición (27/11/2011): Hoy odio a Holden Caulfield. Me aterra comprobar que hace menos de un año me parecía terriblemente a él.

sábado, febrero 05, 2011

El vago que era universitario

El caso es que me he "reanimado" a "reabrir" el reblog. Podría comenzar una perorata interminable de sensiblerías histriónicas, o una sarta de argumentos y excusas que expliquen el por qué de esta repentina decisión, pero casi que prefiero emular a Fray Luis y, "como decíamos ayer..."

Me tengo que poner serio. Porque si no alguien me va a malinterpretar.

El tema de hoy es un fragmento de mi cutreensayo que escribo para pasar las horas perdidas a las tantas de la mañana titulado "Las convenciones sociales y el peligro que representan para la realización del ser humano: una explicación hipotética de la existencia del hombre que no merece la pena tomarse muy en serio". Quería titularla "Ámbar" o "Geranios", pero juzgué que, ya que me iba a poner explícitamente filosófico, era mejor usar un título verdaderamente explicativo antes que una metáfora que nadie iba a entender excepto el que suscribe. No porque el resto de gente no sea inteligente, no nos confundamos, sino porque soy tan retorcido que para entender lo que digo hay que hacer un máster. Ni siquiera me entiendo yo, así que vamos bien... 
Ya estoy divagando, así que procedo a citarme sin más dilación:


Todo ser vivo forma parte de un sistema único que forma parte del equilibrio universal del cosmos. Si aceptamos que en el cosmos no hay más motivo que el azar, la probabilidad, entonces podemos asegurar, aunque sea sólo empíricamente, que el sistema global del cosmos tiende siempre a un estado más estable, mediante la interacción entre los subsistemas que lo componen y los propios componentes que los forman, entre sí y consigo mismos. 

La vida es un sistema enormemente complejo, y su existencia, de algún modo, propicia el estado de equilibrio. El ser humano forma parte del macrosistema vital, actuando en las redes tróficas (sistema propio) y proporcionando un tipo de actividad sobre la naturaleza (otros sistemas), no distinto al de otras especies, pero sí mucho más intenso, que depende, además, en mucha mayor medida, de un complejo sistema de toma de decisiones, que es lo que llamamos mente o alma. Pero la mente no es más que lo que surge a partir de la bioquímica. Poco romántico, pero la única explicación razonable. 

El que la mente humana no sea algo distinto a la función emergente de un soporte físico-químico es lo que explica que el ser humano utilice esencialmente su intelecto. Como dirían los filósofos clásicos, la esencia del ser humano es el intelecto. Por ello, lo natural para el hombre es examinar bajo su sistema mental cada acontecimiento al que se enfrente, en lugar de darlo por hecho, como ocurre hoy en día en el seno de la sociedad, por culpa de la cual, nuestro potencial mental se ve exponencialmente mermado al aceptar, como si de instintos se tratase, las convenciones sociales. La sociedad no deja de ser un nuevo sistema en el que el ser vivo se inmiscuye para hacer su función increíblemente más eficiente. Para tener una "buena vida", el ser humano debe vivir en la sociedad. No obstante, y esto es importante, la sociedad no debe vivir en el ser humano. Y me explico: no es aceptable que una persona se rija por unos, llamémosles principios, que por algún motivo que ignora son válidos para un sector de la población humana con la que convive. No es aceptable porque no sabe lo que está haciendo. Y la grandeza del ser humano está en que tiene la capacidad para entender lo que hace, lo que otros hacen y cómo se hace. 

(...)

 Una persona no puede asegurar que matar está mal sin dar una razón válida por la cual se considera un comportamiento no adecuado, simplemente porque el que algo "esté mal" quiere decir que en la dimensión mental humana se considera así, y para que algo tenga validez en esa dimensión, debe estar en concordancia con las reglas lógicas, axiomáticas, fundamentales de ese soporte. 

No obstante, para la mayoría de las personas, el acto de matar parece "naturalmente incorrecto". Esto se explica de la manera más sencilla y visceral posible, las especies siempre tienden a incrementarse, por pura entropía, por el funcionamiento del macrosistema global, cuyas partes siempre aumentan hasta que son neutralizadas por otras, de modo que se llega a un equilibrio de tipo cíclico. Si naturalmente las poblaciones deben aumentar, entonces naturalmente los individuos no tenderán a matarse entre ellos. Por todo esto podemos considerar, aun con la simplificación que constituye el lenguaje, que matar "está mal".



PD: Sí, soy un vago, regreso al blog y nos e me ocurre nada más que copiar y pegar, para ahorrarme trabajo. En fin, piensen, reflexionen.

jueves, julio 15, 2010

El salvador de gatos con retraso que era contradicción

Hoy he leído algo en algún sitio, no recuerdo dónde, sinceramente, pero era algo así como: "no nos olvidemos de Haití, no nos olvidemos de los vertidos del golfo de México y no nos olvidemos del problema del Sáhara".
No sé qué pensar acerca de ello. Y quiero decir, ¿tiene algún sentido ya preocuparse por ello? Por mucho que lo recuerde, no creo que tenga ninguna utilidad.. Lo poquísimo que podría hacer lo he hecho ya, y es una acción tan nimia que ni siquiera creo que sea útil. En fin, que para lo único que me serviría recordarlo es para tener presente que el mundo es una mierda y se está convirtiendo en una mierda mayor. Pues qué optimismo.
Pero por otro lado, ignorarlo es como llevar una de estas gafas absurdas y ver lo que quieres ver.Y si no lo ves todo, no puedes tener una buena perspectiva, y si no tienes una buena perspectiva, ¿cómo vas a saber ninguna cosa, cómo vas a hablar sobre cualquier tema?
Así que, ¿qué hacemos? ¿Intentamos vivir una vida feliz e ignorante exenta de preocupaciones más allá del precio de las patatas y de si los empleados del metro hacen huelga? ¿O vivimos conscientes de lo que ocurre en el mundo, quizás, por ser más conscientes, sin esa tonta felicidad que da el no saber?
Lo ideal sería el equilibrio, pero eso es imposible. Hay dos tipos de personas: los que no quieren saber y los que quieren saber. Si no quieres saber, puedes cambiarte de bando, pero no ocurre al contrario. El conocimiento es lo más elevado que poseemos, y una vez iniciamos su camino, nos atrapa en él.

jueves, junio 10, 2010

El tomador de apuntes profesional que era vidente

Si ya lo decían los epicúreos, mis amigos los filósofos del jardín. Es absurdo temer el futuro porque vaya a llegar infaliblemente o porque no llegue nunca, pues ni depende totalmente de nosotros ni nos es de todo ajeno. Racionalmente, no admite discusión alguna. Pero no debemos olvidar que el futuro es un absurdo, es algo incognoscible, un concepto que basamos en la creencia en la uniformidad. De modo que, visceralmente, es natural que el futuro nos de miedo, porque nuestro ser racional no puede manejarlo como tal, pero al mismo tiempo, empleando la razón podemos concluir que la existencia de un futuro no depende en gran parte de nosotros, y no somos responsables de lo que ocurra o no ocurra en él, de modo que, ese miedo visceral, basado en la inefabilidad racional prueba la ineficiencia de la pura razón. Yo digo: "tengo miedo, lo acepto". Y entonces el miedo deja de ser una fuerza atenazante para convertirse en una fuerza vital motriz. Porque el miedo se basa en lo desconocido, tiene su inicio en la mente, y a su vez la mente lo niega, pues ésta es la máxima expresión de lo antinatural aún surgiendo de lo natural. El ser humano se cree especial por su consciencia-autoconsciencia pseudolibre, y valora más la mente que la víscera. Es ahí donde yerra, porque ambas son la misma cosa, y aunque es necesario distinguirlas , se debe tomar ambas en su justa medida, y sólo de ese modo el hombre llegará a ocupar su puesto natural, alcanzará su propia naturaleza y disfrutará el más alto grado de libertad: la libertad que no está en conflicto con la realidad, la libertad real o natural.
Lo desconocido, que motiva el miedo, la diferencia, ya lo he dicho anteriormente, es la base de la evolución, de la realización y la autorrealización, y si la belleza del mundo es el motor de la existencia racional, el miedo es el motor del devenir natural en máximo grado de perfección.
Y así es como la mente, que nace de la víscera, se reconcilia con ella y acepta "soy natural con potencial libre".

En serio, estoy loco. Qué bien, ¿no?

viernes, junio 04, 2010

El amante que era tomador de apuntes profesional


DAVID HUME Y EL PROBLEMA DE LA REALIDAD
 
Uno puede estar absolutamente seguro de la realidad del presente porque tenemos impresiones de él, y tampoco se puede dudar del pasado, pues guardamos de él ideas que provienen de la impresión. Sin embargo, del futuro nada podría aventurarse dado que no tenemos de él impresiones ni mucho menos recuerdos. Pero el ser humano parece tener una cierta certeza acerca de algunos sucesos aún por llegar, entonces, ¿es posible predecir fenómenos futuros?
Todo razonamiento sobre cuestiones de hecho parece basado en la relación causa-efecto, relación que conocemos por experiencia. El efecto es totalmente distinto de la causa, y no hay nada en los conceptos de causa y efecto que los relacione directamente para que podamos afirmar desde la evidencia que el primero es causa del segundo. Asignamos, entonces, la relación causa-efecto por semejanza: el ser humano infiere que en situaciones semejantes se darán los mismos fenómenos.
Esta inferencia, en definitiva, termina por presuponer que el futuro será igual que el pasado, lo cual es un enunciado completamente indemostrable. Así que, no es la razón la que nos induce a creer esto, sino la costumbre, que entonces se constituye como guía de la vida humana, es la que incita la creencia de que va a repetirse el mismo acontecimiento en situaciones semejantes, y esa creencia es un sentimiento particular que se acompaña de una asociación de ideas que funciona como principio regulador de nuestras acciones. Dicha creencia puede ser extremadamente probable, pero está basada en un hábito, y por ello es algo meramente psicológico.
David Hume y el Empirismo, Maravillosos apuntes de filosofía.

Si algún alma solitaria se pregunta por el motivo por el cual he decidido mostrar al mundo lo que hago en clase de filosofía, la razón es que he sentido unas ganas repentinas de quitarme el sombrero al leer estos párrafos...

miércoles, junio 02, 2010

El urbanita que era un amante

Here I am, dying of love. ¿Y no lo estamos muchos? Esa desazón que causa la ausencia del/de los otro/s fragmentos del alma de los que habla Platón. Qué poético el platonismo, qué sentimental. No concibo qué puede ser más nocivo para las ganas de vivir o para la felicidad que la falta de apetito cognoscitivo. Y no concibo qué puede ser más hiriente para el apetito cognoscitivo que la falta de amor. La mayor parte de la gente malinterpretará la última frase dándole un significado popular (y bastante poco elegante y demasiado romántico) en lugar de la profundidad que encierra esa sentencia.
Ahora, cuando hablo de amor, me refiero al más puro apego físico y mental por las cosas y por otras entidades físico-mentales. Es absolutamente necesario para el alma amar la belleza del mundo, que está en todas partes, y es en definitiva lo que mantiene a los seres humanos, con nuestra cuasilibertad, consciencia plena y autoconsciencia en la senda de la vida. Es absolutamente necesario desde el punto de vista natural y fisiológico para un ser humano común compartir su vida con otros seres humanos en sociedad, y más aún tener un apoyo más cercano sobre el que construir parte de los cimientos de sus ganas de vivir (he aquí lo que el común llama amor). Es naturalmente necesario, pero también lo es desde el punto de vista psicológico. Aventuro que nuestra necesidad mental de amor (empezaré a llamarlo así en lugar de "cercana compartición de la vida y punto de escape de necesidades físicas y mentales, reason for living etcétera") es una especie de "contagio" de nuestra necesidad física de tal cercanía. Podría llegar a llamarse ilusión de la mente, pero ¿quién dice que las ilusiones no son reales? Lo son en la medida en que la mente consciente las acepta, y la necesidad de amor está plenamente aceptada por la consciencia, conque postularía finalmente que el amor tiene una dimensión física y una dimensión  psicológica que surge por sugestión a partir de la primera. Y nosotros, pobres humanos que en nuestro inmenso orgullo otorgamos mayor valor a lo mental que a lo natural, podríamos concluir que el amor es tan infinitamente importante en nuestras vidas porque llega hasta el punto de afectar a nuestra consciencia. ¿Falacia, tautología, suprema estupidez, sinsentido propio de una mente inferior y absurda pero ampliamente narcisista? Muy probablemente...

jueves, mayo 27, 2010

El obseso que era un miedoso

¿Qué es lo que mueve el mundo?
Y cuando digo mundo me refiero a la vida humana, a la actividad del hombre.
Bien, es una pregunta compleja a la que pueden darse múltiples respuestas. Entre las más comunes se encuentra la respuesta clásica de los románticos, los ilusos y los que quieren quedar bien y no saben cómo: el amor. Personalmente lo encuentro absurdo. Al fin y al cabo, hay cosas mucho más poderosas que el amor, y no hace falta ser muy alto ni muy listo para verlo. No creo que George Bush atacase Iraq por amor, aunque fuese amor patriótico, ni creo que la gente se asocie en grupos solo por amor. No, esa es una posición muy humana pero muy irracional.
También habrá quien suscriba aquello de money makes the world go around. En definitiva, que lo que anima a las personas es el poder, porque, al fin y al cabo, ¿qué es ese complicado concepto del dinero más que poder? Poder adquisitivo, poder coercitivo, en fin, poder en sus más diversas manifestaciones significa hoy dinero.
Pero hay algo superior al dinero, en mi opinión, que es lo que verdaderamente makes the world go around. El miedo. El miedo lo puede todo, y todo el mundo tiene miedo, es algo natural: miedo a estar solo, miedo a hacer el ridículo, miedo a perder su posición, miedo a perder el poder, miedo al poder, miedo a la gente, miedo al miedo, miedo a la muerte, miedo a la vida...
Parece que casi todo es reducible a miedo. Pero no miedo en el sentido más prosaico del término, miedo en el sentido del sentimiento natural que nos hace reaccionar y poner una solución a un problema, y en definitiva, evolucionar. El miedo es el principal factor del progreso natural. El miedo es el desequilibrio necesario para que el sistema avance al equilibrio. Es la diferencia, la diversidad. Pero esa diversidad está ahí no para temerla y reaccionar en contra de ella, está ahí para aceptarla y superarla, caminar con ella hacia un estadio superior.

Y ahora me gustaría realizar un acto de prepotencia sublime y extrema, un acto de patética glorificación propia a costa de Darwin, porque lo que ocurre en la naturaleza se reduce a esto:

  • Diversidad: en la naturaleza se da la mayor multiplicidad de especímenes posible.
  • Selección: algunos de estos especímenes predominan más que otros, hasta el punto de que ciertos estados posibles pueden considerarse inexistentes.
  • Equilibrio: los especímenes serán más abundantes cuanto más se aproximen al cumplimiento de la ley fundamental de la naturaleza; todo tiende al máximo equilibrio que no es sino el estado más económico.

Y ahora, matadme.
Pero antes de morir me gustaría resaltar el ejemplo del melanismo industrial de la Biston betularia a modo de clásico ejemplo de la maravillosa selección natural darwiniana, que tan lógica es y tanto sentido tiene.

domingo, mayo 16, 2010

El ensayista que estaba loco

El que no se haya considerado a sí mismo como "loco" o fuera de la norma, en general, no es una persona a la que merezca la pena conocer. Es más, cuanto más a menudo esa persona se sienta loco o fuera de la norma, más valiosa será para el resto.
En esta absurda sociedad tenemos una ridícula obsesión por extrapolar la igualdad, llamémosla "legal" o "social" a falta de un término más apropiado, que se basa en un mero "acuerdo social" totalmente natural y aceptable, a todos los niveles de la existencia. Y eso, queridos y escasísimos lectores, es la más elevada expresión del patetismo, en el sentido más sentimental del término. Voy a enunciar otra sentencia firme y demoledora como la de arriba, pero que quizás alguno denostará por malentenderla, seguramente: todos somos absoluta y totalmente diferentes, y negarlo es ser un cobarde.
¿Qué sentido tiene pretender que todos seamos clones de vestuario, clones de ideología, clones de habilidades o clones de cualquier cosa? Ninguno. Sólo hace falta mirar a la naturaleza, la clave del progreso natural, como muy bien enunció Darwin, está en la diversidad, y ese punto de su teoría es, de hecho, extrapolable a cualquier otro ámbito: la clave del progreso intelectual, tecnológico, social, vital está en la diversidad.
Por eso yo digo: estoy loco, y me encanta. Ojalá todos estuviésemos locos y lo reconociésemos. Porque perder la razón, en este sentido, es huir del convencionalismo, ser un poliedro irregular que gira, avanza y retrocede caprichosamente en la poderosa corriente de un río lleno de cantos rodados y reconocerse ante sí mismo y ante el mundo como alguien con ganas de ser algo en el mundo, en lugar de simplemente estar en él.

No sé por qué, cada vez que empiezo una entrada con fines meramente "rellenativos" acabo sacando mi vena filosófica y me sale una entrada trascendental. En fin. Quisiera hablar de más cosas.

La diversidad también es la clave del progreso del arte. Por eso me suelen gustar mucho los artistas que, con sentido estético, claro está (porque aunque nos lo quieran hacer creer, tres latas viejas y una bolsa de plástico colocadas aleatoriamente NO son arte, son una deformación de lo que yo llamo "pensamiento abierto" y que ya habiendo alcanzado dimensiones paradigmáticas ahora puedo llamar sin remordimiento "darképoc artístico" -voy a ahorrarme hoy la explicación de ese locuaz palabro-), [me gustan los artistas que con sentido estético] experimentan con los elementos de su campo.
Esto viene a cuento de mi reciente descubrimiento de:





  1. Björk.
  2. Que Yann Tierse tiene más música (e igual de buena) que la banda sonora de Amelie, y también con tonos genialmente minimalistas.

Y bueno, eso. Que Yann Tiersen, al igual que el magnifiquérrimo -y me permito y seguiré permitiendo el uso de palabras inexistentes porque estoy en mi dichosa página- Philip Glass hace música repetitiva y susceptible de llevarte al trance y que Björk está, utilizando mis propios términos, muy muy loca, musical y personalmente hablando (y eso la hace grande).

miércoles, mayo 05, 2010

El idólatra que era ensayista


LA DISTORSIÓN DE LA REALIDAD: MAGIA Y ESPERPENTOS

El mundo que denominamos real puede ser o no ser como es, nuestras percepciones del mundo, indudablemente, son. Y nace de esta contraposición duda-certeza el arte de distorsionar la percepción.
El arte, y en particular la literatura, que es la disciplina a la que en esta ocasión me refiero, siempre trata de evocar en la mente del destinatario una suerte de mezcolanza de recuerdos perceptivos, ordenados y enlazados de un cierto modo en el proceso creativo, que le da sentido a la obra artística, la dota de un mensaje, que puede  ser desde lo más "sencillo", como es el simple propósito estético de aproximarse a la belleza, hasta lo más "complejo", como son las narraciones literarias.
Complejo-sencillo no son, no obstante, sinónimos de "más bello, menos bello" o "más perfecto, menos perfecto", el mérito  de la creación artística recae, entre otras cosas, en la capacidad de su autor para reordenar los conceptos preexistentes en algo aparentemente nuevo, de forma más o menos original y con una forma más o menos bella, y por otro lado, en el potencial evocador de la obra.

Uno de los factores determinantes respecto al resultado final de la obra es el modo de ordenar y vincular esos conceptos, esos recuerdos del mundo, que puede seguir el modelo de la percepción realista humana o alejarse diametralmente de ella, empleando modelos perceptivos totalmente distintos. Lo más habitual es, no obstante, emplear una referencia perceptiva híbrida, en algún punto entre la absoluta ficción  y el realismo más escrupuloso. De hecho, es imposible alcanzar ambos polos, o al menos el extremo de la ficción -el realismo puro puede obtenerse si consideramos a la vida misma como un arte ( y como hoy día un tablón pintado de negro parece ser arte, por qué no iba a serlo la vida, infinitamente más rica), una expresión totalmente distinta a la concepción humana es imposible para el hombre. Como ocurría antes, ninguno de los dos modos de articulación artística es más meritorio que otro, y reitero que la grandeza de una obra de arte está en la calidad de la relación autor-obra-consumidor.

No obstante, y contradiciéndome a mí mismo en un alarde de libertad poética, en la mayoría de los casos la virtud está en el justo medio, como ya predicaba Aristóteles. Aunar realidad y fantasía, distorsionar la realidad, sistematizar y normalizar la fantasía sin que el resultado sea un engendro tambaleante, un batiburrillo de incoherencias forzadas a cohesionarse, es una de las tareas creativas más complicadas.
La consecución de la armonía fantasía-realidad ha sido intentada por muchos y dominada por muy (muy) pocos, pero casos paradigmáticos, en los que la perfecta unión entre lo irreal y lo verdadero se manifiesta omnipresente, son los del teatro esperpéntico de Valle-Inclán y el realismo mágico de García Márquez. Por citar a dos, porque podría pasarme horas nombrando genios de la literatura (Cervantes y Shakespeare, sin ir más lejos), pintura (Goya, indiscutible precedente del Esperpento), música (Stravinski), cine (Buñuel, Lynch), etcétera.

Como refleja Valle-Inclán en Luces de Bohemia, "Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada." La técnica del Esperpento se sustenta en la continua hiperbolización y distorsión de la más cruda realidad, mezclando usualmente lo verdadero con ficciones "pesadillescas" y regando así la trama o el mensaje de la obra con un entorno de grotesca ironía. Los "héroes clásicos" se transforman en "reflejos "deformados y caricaturescos de sí mismos, que encarnan la más inmediata realidad desde un punto de vista esperpéntico.

Con otro enfoque radicalmente distinto, la conjunción realidad-ficción de los escritores del realismo mágico aparece en su preocupación por mostrar elementos extravagantes e insólitos -hechos sobrenaturales o mágicos- como sucesos completamente normales y cotidianos. García Márquez supone sin lugar a dudas la culminación, la máxima potencia de este estilo narrativo. El más grande de los genios literarios de nuestra época (a entender de este humilde e ignorante habitante del mundo) concibe, en sus maravillosas novelas, relatos usualmente basados en hechos verdaderos, que han sido aliñados con especias cosechadas por el autor y adquieren matices fantásticos dentro de un devenir temporal arbitrario en el que conceptos como presente, pasado o futuro pierden todo sentido, y la sucesión de acontecimientos se vuelve cíclica, mágica en sí misma.

Es tan absurdamente complicado alcanzar las cotas de antitética armonía literaria que rebasan autores como García Márquez o Valle-Inclán que resulta de un increíble egocentrismo y soberbia negar o rebajar sus méritos. Deberíamos mirarles con humildad, con reverencia incluso, porque el arte es la necesaria ruta de escape e inspiración de la vida, y los artistas, por el mero hecho de crear, hacen que la humanidad cobre un poquito más de significado en el mundo.



Bueno, si un alma paciente ha sido capaz de leer este desvarío, que por otro lado, seguramente será absurdo, mi más profunda enhorabuena y agradecimiento.

lunes, mayo 03, 2010

El cuentacuentos que era un idólatra

Últimamente me ha dado por deleitarme y perderme en trances de larga duración en las frases repetitivas e hipnotizantes de la música minimalista de Philip Glass. Es fascinante, atrevida, y sobre todo, relajante y cargada de emotividad cruda, sin sentimentalismos: es sincera, brutalmente sincera. No quiero atreverme a hablar mucho del tema, porque soy un ignorante total, así que permitiré que otros hablen por mi boca para definir lo que es el minimalismo:

La idea de minimalismo es mucho más amplia que la mayoría de la gente piensa. Suele incluir por definición cualquier música que se implementa con una pequeña, mínima o limitada cantidad de recursos musicales: piezas que emplean una pequeña cantidad de notas o frases musicales, o piezas escritas con sólo una pequeña cantidad de instrumentos caseros o simples, tal y como timbales, ruedas de bicicleta o vasos de whiskey. Pueden ser piezas que sostienen ritmos báscos y repetitivos a lo largo del tiempo. Se puede incluir a la música realizada el ruido que generan eventos naturales como por ejemplo las corrientes de los ríos. Piezas que tienen ritmos cíclicos sin final. Piezas de ritmos extraños elaborados con los sonidos de un saxofón y su eco sobre una pared. Puede incluir piezas con ritmos que varían lentamente a lo largo del tiempo y que migran gradualmente a otras melodías. Pueden ser piezas que expresan todas las graduaciones entre dos notas , como puede ser Do y Re. Puede una pieza con un tempo lento que tiene una densidad musical de dos o tres notas por minuto.
Tom Johnson
Pasarse veintiún minutos escuchando una composición de Glass que parece no acabar nunca, en la que pierdes el sentido del tiempo, del principio y el final, envuelto en infinitas repeticiones obstinadas es algo casi místico. Así como Desplat consigue armonías mágicas cargadas de sentimentalidad, la crudeza minimalista de Glass ejerce un poderoso embrujo en el oyente por la propia evolución de la melodía, innegablemente bella, que va abriendo progresivamente todas las puertas del alma sensible al arte hasta que piensas en la música, te mueves con la música e incluso respiras la música.
¿Dónde demonios estaríamos sin arte, sin música? El arte es algo maravilloso y necesario. Concuerdo totalmente con Nietzsche, ilustre figura de mi templo de ídolos, que acompaña a Glass, Descartes, Wilder y otros genios.


domingo, abril 25, 2010

El político que era un sentimental

John Lennon no era el único soñador.
 Yo también puedo imaginar que no hay fronteras, nada por lo que matar o por lo que morir, un mundo en el que las religiones no existan y en el que todo el mundo viva su vida en paz. Un lugar sin posesiones, sin hambre ni codicia una hermandad de personas compartiendo todo el mundo.
Deberíamos ser capaces de lograrlo, podríamos vivir en armonía, en conjunción con la naturaleza siendo parte de su sistema perfecto de equilibrio si domeñásemos nuestro albedrío para someterlo a la humanidad, al conjunto en lugar de dejarlo vagar por los parajes de la codicia y el egoísmo. Los seres humanos, viviendo en paz entre sí y en conjunción con la Naturaleza, como un sistema más de la Tierra, culminando por fin el devenir hacia la perfección del Mundo, y siendo definitivamente una raza superior.

Conseguí imaginarlo por unos segundos, pero al momento el pensamiento se desvaneció bajo el horrible peso de la realidad: es imposible. Y entonces no pude evitar echarme a llorar.

martes, abril 20, 2010

El gato que era filósofo

Al hilo de una entrada en el blog de Natalia, me dio por reflexionar acerca del sentido de la vida. Empiezo la entrada con una frase potente, si señor, porque reflexionar sobre el citado tema no es ninguna futesa, aunque algún ignorante energúmeno extremista (porque para mí todo lo que no sea racional, comprensivo y conciliador es extremista) opinará que es una pérdida de tiempo absurda. Lo cierto es que me avergüenza reconocer que un día estuve en ese grupo social. En fin, dejamos de divagar.

Yo no digo si la vida tiene sentido o no, es decir yo ahí no me meto. Y no me meto porque entiendo que la necesidad de encontrar un sentido a la vida o un modo de vivirla (y reflexionar sobre estos conceptos, darles vueltas hasta la náusea) es una mera "invención", un efecto colateral de la consciencia racional humana.

El ser humano, por un lado y por ser un ente vivo de la naturaleza posee una serie de "prejuicios instintivos", de moldes en su mente que son muy útiles para el pensamiento concreto de la realidad inmediata pero cuya superación es la que nos da matices más interesantes y de mayor jerarquía en la escala del conocimiento: la ciencia, el arte... Todo ello proviene de la superación de nuestra condición natural para convertirnos en seres en los que predomina la razón, el alma, como quieras llamarlo.

Y esto me lleva a que por otro lado, además de esos modelos naturales de la mente, que podría decirse que poseen todos los seres vivos -con mayor o menor complejidad- puesto que son necesarios para sobrevivir y que están basados en la búsqueda de equilibrio de la naturaleza, el ser humano goza de un mayor nivel de complejidad en la consciencia y en la autoconsciencia, es decir, disfruta de algo que se acerca mucho al concepto de absoluta libertad. Eso es lo que le diferencia del resto de seres. Es más complejo, un nuevo escalón, pero es un error considerarlo esencialmente distinto al resto de los animales (un error fruto de la soberbia, dicho sea de paso).

Y por tener esa libertad y la capacidad de entender que la tiene es que el ser humano se pregunta por qué la posee, es decir, se pregunta por el sentido de su vida.
Así pues, la pregunta por el sentido de la vida es algo natural, en cierto modo inevitable para todo aquel que no comprenda que así es, y la única forma de avanzar en el escalafón del saber para ascender a un nuevo nivel de conocimiento, un nivel más global (que es la forma de alcanzar la comprensión, irse liberando progresivamente de los prejuicios naturales abarcando cada vez una mirada más amplia, pero empezando siempre por lo más sencillo) es aceptarse como ser humano, entender la naturaleza humana y aceptar a su vez la vida en sí misma, como un fin, no como un medio.

No sé si es un error empezar con una entrada tan densa y seguramente sin sentido alguno, pero bueno, hoy me he puesto filosófico y me apetecía escribir. Así que, si no habéis sido capaces de leer la entrada, no importa, los tiempos ligeros llegarán.